Color para abrir camino…

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Mexico. Un país que incluso antes de conocerlo ya me hacía vibrar por dentro, su música, sus paisajes, sus fotografías y como no, su comida que tanto me transportó a su vientre cuando aún no podía permitirme volar hasta el.

No es de extrañar que después de mi primer viaje a la México City, donde me encontré aún más enamorada de sus detalles que de sus grandezas decidiera comprar una hermosa casa antigua a las afueras y restaurarla para inaugurar lo que hoy jóvenes de todo el mundo conocen como Hotel Brillocano, un precioso hospedaje de 12 habitaciones con vista a un parque inmenso al que le debo la virtud de no tener edificios cerca y entonces el sol brille en cada rincón del hotel iluminándolo todo, hasta el alma.

IMG_4961Brillocano supuso para mí una ilusión más grande incluso que la de mi primer libro, que la de mi primer marido, mi primer viaje…supuso descubrir en mi, alegría y juventud que creía saboteada por el curso errático de mis años pasados.

Sus habitaciones tienen color, expresan alegría, gritan vacaciones y te invitan a comerte el mundo, y vaya si lo consiguen.

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En la recepción junto a un jardín vidriado interno donde hay un inmenso árbol de olivos,  tenemos una mesa llena de hojas de papel reciclado donde nuestros huéspedes escriben su experiencia y la pinchan en el tronco del árbol.

Cada mes para nuestra sorpresa las  quitamos y las guardamos porque nos quedamos sin espacio, un como un ritual que hace todo el equipo que hace posible esta energía y nos dice que el camino es el correcto.

-“Brillocano para nosotros fue una parte importantísima de nuestras vacaciones, México no hubiese sido lo mismo sin dormir y despertar allí”- dice una de las cartas que leo ahora mismo mientras escribo esperando que caiga el sol y tomándome un margarita sin alcohol que despierta mis sentidos y que Marcelo el bartender hace especialmente para mi y con mucho respeto y un poco tímido me entrega cuando me ve sentarme con mi notebook cerca del árbol: ” Sú pomelita , ,Señora- me dice tiernamente y casi sin mirarme a la cara, “pomelita” porque es sin azúcar y con pomelo rosado.

Marcelo es el sobrino de la cocinera del hotel, y trabaja para pagarse los estudios de diseño gráfico y yo siempre le digo que cuando se reciba ( y si con suerte me pierde el miedo que me tiene por ser dueña del hotel ) voy a contratar sus servicios para las web de los hoteles, mis blogs, y el diseño de las portadas de mis próximos  libros.

Marcelo dice que desde que trabaja acá, siente más energía para estudiar incluso que cuando no trabajaba. Y no me extraña, la casa  es una explosión de colores brillosos que reflejan la luz y hacen sentir que las paredes te sonríen y sientes la vitamina D meterse en tu cuerpo incluso antes de salir fuera, tiene tantas ventanas que la brisa recorre sus pasillos como un turista más relajado y enérgico, y todo se invade de optimismo, es perfecto, sobre todo en esas épocas que se mezcla en el aire ese olor a bronceador.

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Al tener pocas habitaciones nos podemos permitir tener una cocina casera de máxima calidad de la mano de Lora y dos de sus hijas que se han dedicado al servicio de hogar por generaciones y pertenecieron a familias tan numerosas que tienen en sus genes el arte de alimentar a un batallón con tanto amor como ingredientes sean necesarios.

Brillocano, entonces, es mi primer destino porque en el primer capítulo del libro que escribo  “Mili” la protagonista se encuentra en un momento crucial de su vida, a punto de cumplir 29 años y  todo su ser se resiste a la idea de no hallar un motivo para su existencia que la movilice por dentro, una pasión, quiere despertar ilusionada cada dia y por el contrario, ahora mismo despertar es su única misión (casi imposible) cada día.

Elegí este hotel porque voy a inspirarme en los muchos jóvenes que pasan por aquí en estos meses, en el sentimiento que este hotel despierta en mi, que es como si a través de sus colores se abriera un camino de esperanza y entonces voy a ayudar a Mili a encontrar su motivo.

¿Que soy la escritora y puedo inventarme el motivo y ya? Lo sé , pues NO querido lector. Mili no se parece nada a mi, es sensible y dependiente, no le gusta estar sola y odia ir más lejos de donde nació, jamás se subió a un avión y no tiene intención ninguna de hacerlo, por tanto su pasión no puede salir de mi, porque entonces no la ayudaría, la condicionaría.

Mili como creación mía, también es mi responsabilidad, y aunque aveces me saque de quicio su postura, también es una parte de mi, que debo aceptar y guiar con amor sin condiciones  para que libre su su misión, y con ello porque no, tal vez la mía.

El cielo color naranja me avisa que llega el atardecer y Lora se asoma a lo lejos por una pequeña ventana envuelta en flores buscando mi atención, al mirarla me señala con un dedo su nariz (quiere que  huela, adivino) y con un suspiro, mmmmm…se me encoge el corazón.

Adoro la comida Mexicana, adoro México y las manos de Lora.

Mañana iré al mercado de la ciudad por la mañana y les contaré cómo desperté yo, mientras Mili hace lo posible por salir de la cama.

Un abrazo lectores y turistas del mundo real…

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